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martes, 19 de abril de 2016

ISRAEL... me sorprende.

En alguna ocasión ya he manifestado públicamente mi aversión hacia las capotas.

En la actualidad tal vez sea el modelo de protección solar menos utilizado, salvo en aquellas ocasiones en las que su prescripción está más que justificada.
Se trata de un modelo que requiere mucha mano de obra en su preparación, y en su tapizado.
Y de una buena practica. Colocar y grapar o encolar un tejido  es tarea de artista.

Gracias a la información de un buen amigo (Juan Carlos Durán) me han llegado estas imágenes de Israel:



















En ellas sorprende ver que este modelo, la capota, es casi el único utilizado para balcones y terrazas en bloques de pisos.

La razón la encontramos en el clima, y la ubicación del país en cuestión.
En Israel, son frecuentes los fuertes vientos, y, en consecuencia se suceden con asiduidad las llamadas "tormentas de arena".
La utilización del sistema capota, con los complementos que se necesiten de acuerdo con la forma de la terraza, permite obtener un cierre casi total del habitáculo exterior, ofreciendo así, una rápida protección a ese tipo de inclemencias climatológicas.

Ni que decir tiene, que debe incorporarse un sistema adecuado de fijación para resistir el viento en el momento de la tempestad. Pero suele ser más molesta la arena que la propia fuerza del viento.



Esta aplicación puede resultar interesante en algunas zonas de determinados países. 

Es una opción, y he querido compartirla.


miércoles, 26 de junio de 2013

Original

La mentalidad humana, tiene en muchas ocasiones, límites insospechados de creatividad.

Las estructuras fijas, con lonas tensadas, (enculebradas mediante una cuerda trenzada, o bien grapadas en un perfil de goma o de madera para dicha finalidad ) pueden resultar muy originales, y darle a la instalación un apellido de exclusividad.

A continuación, tres ejemplos:




lunes, 6 de mayo de 2013

Guerra


Recuerdo perfectamente el día que aquellas manos me dieron forma.
Eran unas manos rudas, fuertes, pero diestras en sus menesteres. Que tensaban con fuerza el tejido (que más tarde sería mi piel,) para no dejar ninguna arruga en mi superficie.
El chasquido de la grapadora sonaba, rompiendo el silencio del taller, y yo, resistía aquellos pinchazos, orgullosa de la forma que me iban dando.
Engalanada con una cinta de ribetear de color verde chillón, pude verme reflejada en los ojos brillantes de aquel maestro que me había creado.
Poco después, Tras un breve trayecto en furgón, sentí como me anclaba firmemente al muro de esa tienda de frutas y comestibles. La pared era de piedra y mis garras penetraron en ella para resistir los envites de lluvia y viento.

A partir de entonces mi misión iba a ser proteger del sol, y de la lluvia repentina, todas las frutas que el dueño de la tienda colocaba con  metódica precisión en las cajas de venta.
Sí, soy yo, la capota que veis en la imagen
Por aquel entonces era una capota afortunada. Tenía muchas horas de trabajo, pero me gustaba mirar a un lado y al otro de la avenida. Me recreaba con el ir y venir de las gentes, y me gustaba escuchar las conversaciones que, bajo mi sombra protectora, tenían lugar entre compradores y vendedor.
Sonreía cuando los niños saltaban ágiles, para intentar alcanzar con la punta de sus dedos el fleco de mi bambalina. Y escuchaba dichosa aquellos vítores de éxito cuando lo conseguían.
De noche, dormía plácida, recogida junto a la fachada donde me sostenía con mis garras profundas. Era corto el tiempo, porque el tendero se apresuraba a colocar las frutas ya en los primeros albores del sol.

Era un ruido ensordecedor, un enorme chillido de hierros y cadenas retorciéndose a lento paso desde el extremo de la avenida. No había visto nunca nada igual. Sí que estaba acostumbrada a ver coches y camiones, pero nunca había visto nada así. 
Encima de ese cuerpo enorme de hierro, una especie de cabeza giraba en todos los sentidos, arrastrando en su recorrido un largo tubo de hierro amenazador.
La gente corría entre chillidos, y se apresuraba a esconderse en portales y tiendas. Desde los tejados de algunas casas empezaron a sonar explosiones pequeñas que provocaban chispas en el cuerpo de aquel monstruo.
Hasta que, con movimientos rápidos, aquel tubo de hierro empezó a lanzar llamas de fuego en todas direcciones.
Paredes, edificios, balcones… todo iba cayendo al paso de aquel monstruo.

Ha pasado algún tiempo. Tuve suerte de cómo me instaló aquel mi creador, y todavía mantengo firmes mis garras en este muro semi-derruido que un día fuere la pared de la tienda.
La calle está en silencio, siempre: Solamente de vez en cuando algún disparo desde lo alto de lo que fueran edificios y viviendas altera esa paz. Y se corresponde con alguna carrera desbocada de alguien que intenta cruzar por la avenida.
Alguna vez caen desplomados en medio de ella, y permanecen ahí, inmóviles, a veces por días, hasta que algún furgón gira la esquina chirriando y se detiene junto a  esos cuerpos, para recogerlos con rapidez y darse de nuevo a la fuga.

No entiendo a la gente. No comprendo nada. No pasan niños, ni se detiene nadie debajo de mi piel rasgada, a hablar animadamente, mientras les cobijo del sol.
Recuerdo una de las últimas conversaciones que pude escuchar, en la que repetían con miedo una palabra: guerra.

No sé lo qué significa ni cuánto durará, pero yo quiero volver a tener la piel entera y poder  proteger del sol a las gentes que llenaban esta avenida.
Y es que el sol sigue viniendo cada mañana a despertarme. Aunque ya nadie me recoja por las noches junto a la fachada y cada vez me cueste más seguir agarrada al muro.
Tengo que aguantar. Esto no puede durar así siempre.


sábado, 16 de marzo de 2013

Capota





Cierto es que nunca me han gustado las capotas...plegables. 
Me parece un sistema muy poco delicado con la lona y dificultoso de mantener limpio, sobretodo en ventanas. 
Pero hay algunas aplicaciones en capota fija, que son muy elegantes y decorativas. 
Cierto es que la imagen nos muestra un trabajo más de marketing que de protección solar, pero luce.  

martes, 5 de marzo de 2013

Deterioro



El deterioro de lona y estructura de sustentación,debido a una mala conservación, se hace evidente en una capota del vecino.

domingo, 3 de marzo de 2013

Rota



Y el remate. Una capota como publicidad de una empresa de toldos...rota

Marketing plus


En esta ocasión, una capota fija con mucho colorido y publicidad....hasta del instalador

Mala Imagen


Una capota mal fabricada puede dar una mala imagen hasta al establecimiento que ha decidido colocarla. Se suele utilizar como protección de lluvia en muchos cajeros automáticos, y también para crear un cierto ambiente de intimidad al cliente, cuando realiza su solicitud de dinero en plena vía pública. Pero no acaba de estar a la altura, máxime cuando presenta serias incidencias en su confección

Engendro



En algunos lugares de nuestra geografía, se las conoce como "capotinas". Se trata de simples engendros de capota con un solo aro, que agravan todavía más la dificultad y estética de su recogida.
Las imágenes hablan por sí solas

 

Ejemplo


Un sencillo y práctico ejemplo de como convertir una capota plegable, en fija. Su  efectividad es manifiesta

Decorativo


La capota también se utiliza como elemento decorativo, en fachadas de hoteles por ejemplo. Si bien, en estos casos, suelen dejarse fijas, aunque estén confeccionadas con aros plegables. 
Así son mucho más fáciles de limpiar, siempre que haya balcón....

Marketing


Algunas capotas, sin embargo, sobretodo las fijas, pueden llegar a constituir un buen espacio donde utilizar el marketing. El diseño y la rotulación de la de la imagen, hecha por TOLDOS TÁRREGA, es una buena muestra

Suciedad


Desde siempre, las capotas plegables no han gozado de mi predilección. Si bien reconozco que, sobretodo en ventanas, puede ser un sistema de protección solar eficaz, su plegado o recogido es  muy poco considerado con la durabilidad de la lona.
Además, su limpieza resulta bastante dificultosa, y cuando está recogida, facilita enormemente el depósito de polvo y residuos en sus pliegues